agrodiariohuelva.es|Jueves, Marzo 23, 2017
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¿Y si se estuviera formando una burbuja agrícola? 

jorge1Jorge Acuña Pena || Economista

España lleva ya casi seis años sumergida en una crisis económica que afecta gravemente a toda la estructura productiva y generadora de riqueza que existía con anterioridad.

Todos los organismos y partes afectadas en la crisis han convenido en sentenciar que la sobredimensión que llegó a adquirir el sector inmobiliario y la construcción, unido al afán especulativo de distintos agentes financieros, además del escaso papel supervisor y de policía que se esperaba de los distintos organismos y administraciones públicas, favorecieron, y en muchos casos propiciaron, el desenfreno y crecimiento desmedido de una llamada burbuja económica y financiera, que a todos nos ha explotado encima y tanto daño está suponiendo principalmente para el ciudadano de a pie.

Todos esperamos que se haga justicia, que paguen los culpables, y tal y como casi siempre ocurre en la vida real, los verdaderos culpables nunca se descubrirán, y cuando se encuentren, nunca podrán pagar el daño causado y, sobre todo, ya será demasiado tarde.

Llegó la hora de tomar medidas y lo sucedido obligó a cuestionar gran parte del modelo productivo español en el que nos basamos desde que accedimos a la CEE y, posteriormente, al euro como moneda común.

Ante esto, las entidades financieras se vuelcan progresivamente con el sector agrícola en busca del volumen de negocio que ya lo tienen vetado por muchos años al sector de la construcción, al que financiaron de forma desmesurada y sin medida durante los años del ‘boom inmobiliario’, y al que ahora dejan de lado de manera cruel y salvaje, pagando y sufriendo esta nueva estrategia tomada por la entidades financieras, no sólo el nuevo empresario inmobiliario o constructor iluminado en los últimos diez años por las luces de neón de la construcción, sino abandonando y despreciando también a aquellos pocos empresarios de la construcción que durante tantos años de éxito especulativo se mantuvieron cautos y no sucumbieron al excesivo apalancamiento financiero que gratuitamente le ofrecían y proponían todos los abundantes y variopintos bancos y cajas de ahorro del anterior sistema, como si de un carnaval de derroche y endeudamiento se pudiera salir sin jaqueca al día siguiente.

Como he indicado anteriormente, es ahora el sector agrícola el sector refugio para la sociedad española, igual que lo ha sido una y otra vez, desde los tiempos de los tartessos tras la caída de su rica civilización. Pero sobre todo, son las entidades financieras las que se están dirigiendo desmedidamente sobre el sector agrícola, entre otros, en busca del negocio y crecimiento en volumen, que sus altas estructuras le prohíben hacer ahora en otros sectores antes mencionados.

De repente, hasta para la más pequeña explotación agrícola, siempre habrá una solución para financiarla, para ayudarle a invertir, aunque ésta no tenga ni una mínima oficina donde poder posar el espléndido y extenso dossier ofrecido por el ahora siempre educadísimo y atento gestor para empresas de la entidad financiera.

Al parecer, ahora sí que es muy interesante y rentable todo proyecto agrícola que se emprenda y apenas harán falta algunos balances e informes para justificar la rentabilidad o garantía de los resultados futuros y, como si de una mutación genética se tratara, ahora el empresario agrícola y casi todo negocio agrícola ha pasado a ser rentable y tener garantía de devolución para la mayor parte de los bancos.

Es este movimiento estratégico del sector financiero español algo muy parecido, en muchos casos casi similar, a lo que propició hace 13 años el comienzo o germen de la tan mencionada ‘burbuja financiera e inmobiliaria’, pero esta vez, traducida a la agricultura, con el perjuicio que ello puede llegar a suponer para el campo y su gente, al igual que ha supuesto tan grave e indiscriminadamente al sector y mundo de la construcción.

Esperemos que el arraigado sentido común del agricultor español, siempre enemigo acérrimo del endeudamiento caprichoso, sentido éste marcado con fuego desde sus ancestros, y debido quizá al propio carácter inestable, arriesgado y sufrido del trabajo agrícola, haga fracasar este intento de crear una ‘burbuja agrícola’ de impredecibles consecuencias para el sufrido y siempre merecidísimo mundo agrícola.

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Jorge Acuña es actualmente asesor económico-financiero de varias empresas de los sectores agrícolas, construcción y de servicios. Profesor asociado en el Departamento de Dirección de Empresas y Marketing de la Universidad de Huelva.

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