agrodiariohuelva.es|Lunes, Junio 26, 2017
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Cuidados básicos del caballo en romerías 

José De Mier

José de Mier || Veterinario

Y Dios creó al caballo, en mi modesta opinión, el animal más bello de la faz de la tierra, lo creó libre, pero me reitero, en mi modesta opinión, un poco mal.

Empecemos por el aparato locomotor. Se trata de un animal que pesa entre 450 kg  y 650 Kg, pudiendo llegar algunas razas a 1.000 kg y se apoya en cuatro dedos, sí, 4 dedos porque sólo tienen falange proximal, media y distal, es decir, como un dedo nuestro, por eso las lesiones articulares, suelen ser frecuentes e incluso definitivas.

Veamos el aparato digestivo. Es un animal que para comer hierba, pastos y cereales, cuenta con  un aparato digestivo de  entre 9 y 11,5 metros de estómago, 6 metros de intestino delgado, 1,5 metros de ciego, 2,5 metros de colon y 0,5 metros de recto (aproximadamente). Es decir, si lo extendiésemos desde el suelo, llegaría hasta un cuarto piso. Demasiado tramo por recorrer hasta llegar al final, de ahí la cantidad de problemas que cualquier aficionado conoce.

En cuanto al aparato respiratorio, el caballo presenta una traquea alargada y amplio diámetro, por donde pueden penetrar gran cantidad de gérmenes, que terminan entrando en unos pulmones también muy grandes, necesarios para un animal de esas dimensiones, pero a su vez muy frágiles.

Finalmente y no por ello menos importante,  el aparato reproductor. Con el enorme peso y el poco apoyo ya comentado, lo idóneo sería contar con un pene normal y un útero más corto para las yeguas, sin embargo, el caballo cuenta con todo lo contrario: un pene de más de 40 centímetros y la yegua con un útero igualmente alargado. En definitiva, Dios hizo al caballo el animal más precioso, pero insisto, en mi modesta opinión, lo hizo mal.

Como consecuencia, contamos con un animal excepcional, pero al que debemos cuidar, extremando las precauciones para evitar daños, especialmente ahora, que estamos en romería y todos querremos lucir nuestros équidos y disfrutar de ellos, lo que apruebo y comparto, pero no a cualquier precio. Y es que los excesos, pueden conllevar  la pérdida de la vida del animal y eso no es lo que se pretende.

Si tenemos el caballo en un picadero, cuadra particular o en nuestra propia casa, lo normal es que no tengamos problemas,  porque normalmente tiene lo que tiene que tener, es decir: una alimentación e hidratación equilibrada, continua y constante; un peso rondando el óptimo; una ejercitación adecuada, 2 ó 3 veces a la semana; y una serie de profilaxis como son vacunas contra el tétano (importante al menos una vez al año) y contra la influenza o gripe equina (recomendable dos veces al año en otoño y primavera), al igual que la desparasitación (recomendable dos veces al año en otoño y primavera y en la dosis que indican los  fabricantes), aunque siempre es interesante cambiar de marcas en las desparasitaciones y vacunas, para hacer a nuestros caballos lo más resistente posible y otras vacunaciones, que dependiendo de las zonas donde se encuentre el animal, deben ser recomendadas por su veterinario. Todo esto acompañado de una higiene externa, controlando los ectoparásitos externos con un buen desparasitador externo, nos garantiza el buen mantenimiento del animal.

Si tenemos el caballo en estas condiciones y le damos un trato adecuado en romerías, va a ser más difícil que se nos ponga enfermo, aunque si enfermase, porque nadie está exento de esto, estaría también mejor preparado para recuperarse.

La mayoría de problemas que padece el caballo en romerías comienzan a gestase previamente, debido a cualquier cambio en los hábitos de nuestros animales.

Digestivos:

Uno de los problemas más frecuentes es que después de tenerlo suelto todo el año, lo queremos estabular y para ello le cambiamos la alimentación radicalmente: de pastos y hierba a cereales, lo que derivará seguramente en cólicos o infosuras. También es posible que lo vemos demasiado delgado y pretendamos ponerlo gordo o “en peso” con celeridad, provocando las mismas consecuencias. Como si se nos acaba el “pienso” que le damos habitualmente, y decidimos darle el del vecino, incurriendo en un nuevo error, ya que además, “me han dicho que si le doy, se le pone el pelo precioso y brilla como una patena”. Error, error, error.

Cualquier cambio en la alimentación que le hagamos a nuestro caballo debe ser gradual, dejando en medio 6 u 8 semanas y repartiendo la comida en 3 ó 4 tomas al día. Es decir, mantenemos su alimentación, pero añadiendo un cuarto de kilo de la nueva durante dos semanas; a las dos semanas, añadimos medio kilo de la nueva a su alimentación habitual; y así sucesivamente. De esta forma, durante este tiempo, podremos observar al animal y ver cómo va reaccionando, sin superar nunca, repito, nunca, el ½ Kg. de concentrado por cada 100 kg de  peso vivo y sin dar una ración superior a los 3 kg por toma.

Otro método sería añadir oleosas, aceite mismo de girasol o maíz a la dieta. Podemos darle hasta un 18% de la ración diaria a base de aceite, pudiendo llegar hasta ½ litro de aceite al día, lo que ayudaría al engorde aunque también debería hacerse de forma gradual, empezando por 50 ml hasta llegar al ½ litro a las 6 u 8 semanas. Un método que además de tener un efecto laxante, proporcionará al animal gran cantidad de energía.

En cuanto al forraje, debe ser entre el 1 y el 2% del peso vivo, prefiriendo el heno de pradera no granado, la alfalfa (esta no más de 3 kg al día) o “golden grass”. La paja, aunque la creamos muy buena, no es buen forraje, ya que puede producir impactaciones en el ciego, por lo que preferiblemente la cama debería ser de virutas, no de paja, ya que podría comérsela. mientras podemos añadir un multivitamínico, si el forraje no es bueno.

La Hidratación es, dentro del digestivo, otro aspecto importante. Los caballos deben estar bien hidratados antes, durante y después de las romerías, ofreciéndoles de beber, si hace mucho calor y el caballo presenta mucha sudoración, cada dos horas máximo.

Locomotor:

Se repite más o menos la misma situación antes mencionada, queremos que el caballo, que no ha hecho nada en 6 meses o más, recorra 40 km en un día y que no le pase nada, aunque lo normal es que aparezcan cojeras, infosuras, lesiones articulares y hasta fracturas. Por ello, debemos ir acoplando nuestro caballo a nuestras necesidades e ir incrementando el ejercicio día a día, observando detenidamente qué es lo que va necesitando nuestro caballo en cada caso, ya que cada animal debe acoplarse al peso de su dueño, a al recorrido previsto, para lo que ayudará hacer recorridos cortos con paradas varias al principio e ir incrementándolo paulatinamente.

Este ir poco a poco con el animal, evitará el uso innecesario de relajantes musculares, anestésicos o tranquilizantes, que terminan necesitando los caballos antes y durante las romerías, año tras año.

Otro tema es el herrado. No podemos herrar el caballo el mismo día por la mañana o el día anterior a la romería. Se trata de otro error frecuente, ya que el caballo debe asentarse en las herraduras y para ello necesita un espacio de tiempo de entre 14 y 21 días antes de la romería e ir probándolo, para ver si va bien o no, lo que nos evitará muchas lesiones en los cascos. Al igual que con las herraduras, ocurre con la montura, que debemos probarla con mucha antelación.

Respiratorio:

Este es el apartado más desconocido, pero no por ello menos importante. Cuántas veces hemos oído: “han venido todos los caballos de la romería resfriados”. En las grandes aglomeraciones de caballos, se juntan caballos de todo tipo y todas “religiones”: enfermos, sanos, viejos, jóvenes, enteros, en celo, castrados… y la mayoría beben en los mismos pilares. Aquí es donde entra en efecto la importancia de las vacunas, ya que son pocos los caballos “bien vacunados”, (insisto en lo de “bien vacunados” porque muchas veces las vacunas pierden la cadena de frío, no se ponen en su totalidad, o se ponen por vía inadecuada), me atrevería inclusa a decir que el 90% de los caballos “bien vacunados’ no se refría en las romerías o si lo hace, con un poco de antibiótico y expectorante están curados en poco tiempo. Por ello, recomiendo la vacunación en primavera y otoño, que a la larga saldrá económica.

Reproductor:

Este es sin duda el aspecto más incontrolable, ya que depende de muchos factores: temperamento del animal, edad, habilidad del jinete, estado de las yeguas alrededor, convivencia de caballos enteros y castrados, etc.

En este caso, lo más importante es conocer bien al animal, para adelantarse a lo que el animal pueda hacer.

La mejor recomendación sería la de no llevar este tipo de animales a las romerías, pero a riesgo de que me puedan pegar, lo dejo ahí.

Otro artículo aparte merecerían “los animales” que se montan en caballos,  sin saber lo que hacen y se jactan de que están dispuestos a amortizar lo que se han gastado, sin velar, ni preocuparse por el descanso, la alimentación y la hidratación de los equinos, porque a pesar de ser veterinario, no tengo jurisdicción para este tipo de animales que me atrevo a señalar deberían tener pena de cárcel, sin temor a resultar exagerado porque hoy en día, la ley del maltrato animal está avanzando en contra de este tipo de personajes.

Como despedida, desearles lo mejor para estas romerías, animándoles a que sigan estos consejos para que nos veamos disfrutando de las celebraciones y no en otros menesteres. Que lo pasen bien, que cuiden sus caballos y que tengan buen camino.

 

 

 

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