agrodiariohuelva.es|Jueves, Marzo 23, 2017
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Dos principios necesarios para el éxito de toda empresa 

jorge1Jorge Acuña Pena || Economista

Durante ya más de veinte años de experiencia en cargos de gestión y asesoramiento empresarial, he podido comprobar y espero seguir comprobando aún por mucho tiempo más, la validez y vigencia de estos dos Principios, que su presencia o no en toda empresa, siempre han condicionado y condicionarán la consecución o no del éxito o del fracaso empresarial.

Todo empresario o gestor que los implante en el seno de su empresa tendrá garantizado el éxito, sin ningún tipo de a dudas:

Principio 1º: “LA EMPRESA SOMOS TODOS”

En primer lugar, el empresario ha de tratar de difundir y lograr que se acepte el concepto de que la empresa es una obra común, en la que están involucrados todos sus integrantes, y que la puedan sentir como propia y llegar a ser su proyecto de vida y realización personal.

El personal de la empresa es el factor más valioso, y por tanto, la empresa será tan buena y productiva como lo sean sus trabajadores, para ello habrá que llevar a cabo un esfuerzo de comunicación dentro y fuera de la empresa, para que cada vez más gente entienda la naturaleza de la empresa y su funcionamiento, involucrando al máximo a los trabajadores en las decisiones, y si fuera posible en sus beneficios o en el capital de la misma, lográndose todo ello con procesos continuos de capacitación, consulta y dándole oportunidades de aplicar su visión y su iniciativa.

Teniendo presente que la empresa es una célula clave y vital de la vida social en la que los hombres pasan la mayor parte de su vida activa, el empresario ha de llevar a la vida de la empresa un suplemento de alma, ese algo más de confianza, de entrega, de alegría, de espíritu de justicia, de entusiasmo por servir. Con su actitud, ha de convencer a sus trabajadores de que la empresa no es una simple máquina de producir y de hacer dinero, sino que quienes la han creado y la administran tienen la vocación de hacer algo valioso, algo que trascienda, algo de lo que puedan sentirse orgullosos.

Hemos de desterrar de una vez por todas de la empresa, la anquilosada y tantas veces nombrada “relación adversaria” entre trabajador-empresario. Por el contrario, el empresario ha de luchar porque en el seno de la empresa haya un ambiente fraternal y comunitario, en el que se promueva la justicia, el respeto, la confianza y el afecto en todas las relaciones, y en las que todos se unen en el logro de objetivos comunes, y lógicamente despejando de su plantilla todos aquellos miembros que no asuman esta actitud no tan fácil de entender para muchos.

En definitiva, a mi modo de ver, para que la empresa logre ser altamente productiva, ha de ser plenamente humana.
Principio 2º: “EL CLIENTE ES EL VERDADERO JEFE DE LA EMPRESA”

Todo empresario ha de tratar de impregnar en la empresa, la convicción de la importancia del cliente y del consumidor, a quienes se debe respetar y tratar de dejar siempre satisfechos. Este segundo principio resulta fundamental para que el principio básico anterior no caiga en vaso roto y sirva como motor a este.

El empresario ha de lograr alcanzar en la empresa una preocupación generalizada y casi obsesiva por la calidad en el producto o en el servicio que se ofrece, con un propósito de mejora continua, y para ello, la empresa ha de tener como principal objetivo, ser cada día más competitiva, buscando la satisfacción del cliente en todo momento, y siempre en su más amplio sentido.

Este Principio, nunca podría explicarse mejor que como lo resumió Michael Porter en su libro Estrategia competitiva, donde se puede encontrar esta cita del todo concluyente.

“El ser competitivo hoy en día significa tener características especiales que nos hacen ser escogidos dentro de un grupo de empresas que se encuentran en un mismo mercado buscando ser los seleccionados. Es diferenciarnos por nuestra calidad, por nuestras habilidades, por nuestras cualidades, por la capacidad que tengamos de cautivar, de seducir, de atender y asombrar a nuestros clientes, sean internos o externos, con nuestros bienes y servicios, lo cual se traduciría en un generador de riquezas”. (Porter, 1997).

Si nos quisiéramos acercar hoy día a las empresas que han logrado un éxito duradero y estable a través del tiempo, y tratáramos de analizar y averiguar las razones de su éxito y crecimiento a lo largo de tantas décadas y circunstancias, terminaríamos encontrándonos en su interior con la asunción entre otros, de estos dos grandes Principios, de los cuales solamente hemos podido dar unas breves pinceladas.

Estoy convencido de que estos Principios son tan espectacularmente efectivos, como desgraciadamente, y a la vez, lo son de tan difícil asimilación para la mayoría de los empresarios en su intento de progresar en el día a día de la empresa, sin preocuparse de contar con unas bases y unos fundamentos sólidos para toda una célula vital como es su querida empresa.


Jorge Acuña Pena es actualmente asesor económico-financiero de varias empresas de los sectores agrícolas, construcción y de servicios. Profesor asociado en el Departamento de Dirección de Empresas y Marketing de la Universidad de Huelva.

 

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