agrodiariohuelva.es|martes, noviembre 21, 2017
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El nunca lo haría 

José De Mier

José De Mier || Veterinario

Efectivamente, me refiero a la campaña de los años 90, donde aparecía un perro en la carretera bajo el eslogan ‘él nunca lo haría’.

Cada año en España se abandonan más de 100.000 mascotas y entre ellas, fundamentalmente perros. Un hecho que se produce principalmente al final del verano, así que aún estamos a tiempo.

El abandono de un animal, dependiendo de las circunstancias, puede suponer una sanción de hasta 30.000 euros, por lo que también es económicamente rentable, meditarlo bien antes de decidir tener una mascota

No es mi intención quitarle a nadie las ganas de tener una mascota, pero sí, de concienciar al personal de que adoptar a un animal y en concreto, a un perro, es una responsabilidad añadida a las que ya de por sí tenemos habitualmente.

Lo primero que debemos tener cuenta ante la decisión de que un perro llegue a nuestros hogares es la unanimidad familiar, es decir, que todos y cada uno de los integrantes de la casa, estén de acuerdo. Y lo digo porque si el perro hace cualquier trastada, que la hará, el contrario a la propuesta irá ganando adeptos a medida que las trastadas aumenten y al final, el perro será un estorbo, en lugar de ser el mejor amigo.

Por otro lado, debemos cuidar los aspectos sanitarios y especialmente los relacionados con las alergias, cada vez más frecuentes, al pelo o cualquier otra sustancia relacionada con el animal, así como la sensibilidad a otras enfermedades que nos obligarían a deshacernos del animal, nada más llegar.

El perro debe tener una alimentación sana y equilibrada, además de continuada y constante, es decir, le tenemos que dar de comer todos los días y una dieta de calidad y acoplada a la edad de cada perro, para evitar transtornos digestivos y de otro tipo, que nos reduzcan la vida del animal.

Otro punto importante es que el perro tiene una longevidad de entre 12 y 18 años de media, por lo que tener un perro, requiere un compromiso a largo plazo, porque deberemos cuidar de él, al menos durante este tiempo.

El perro es un ser vivo y como tal, necesita estar en contacto con el medio ambiente y con otros animales. Además, debe ejercitarse al menos 2 ó 3 veces al día. Cuando tenemos un perro, también somos responsables de mantenerlo alegre y feliz.

El perro necesita unos cuidados higiénicos mínimos. Es preciso mantenerlo limpio y ello incluye pelo, orejas, uñas y ojos, así como, cortarle el pelo si es necesario, al igual que las uñas. Unas atenciones que también debemos tener en cuenta.

El perro necesita también una serie de cuidados veterinarios imprescindibles, como las desparasitaciones, mínimo 2 veces al año, siendo recomendable tres o cuatro, dependiendo de la alimentación, del lugar donde habite y del propio perro. Requiere vacunaciones, mínimo contra la rabia al año, que es obligatoria por ley, además de otras recomendables, como la leishmania, después de haberle hecho el test y tener claro que no está infectado, el moquillo, la parvovirosis canina, la leptospirosis… estas últimas las denominaría, aunque de forma muy particular, ‘de recuerdo’, en caso de que se den casos de estas enfermedades en ambientes cercanos, sin olvidar, sobretodo en nuestra zona, los tratamientos frente a la filariosis de forma continuada.

Toda una retahíla de prescripciones veterinarias, que vienen a sumarse a las primeras vacunaciones de cachorro y a los cuidados adicionales que pueda necesitar el animal por caer enfermo, como los golpe de calor o traqueítis en verano, porque a pesar de las precauciones, no podemos bajar la guardia, debemos permanecer siempre atentos y pendientes de nuestros perros, aunque evidentemente, y por ley de vida, a medida que vayan cumpliendo años tendremos que reforzar los cuidados, porque por lo general, los perros más mayores, se ponen más enfermos que los de mediana edad.

Pues bien, una vez que estamos todos de acuerdo, que hemos comprobado que nadie es alérgico y que estamos dispuestos a asumir nuestras responsabilidades, vamos a escoger el animal.

No es lo mismo vivir en el campo, con extensión de terreno, que en un piso en la ciudad. Por lo tanto, perro grande o perro pequeño, todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

El perro grande parece que se adapta más a grandes extensiones (no cabe en todos los sitios), sin embargo, lo que en principio parece un inconveniente, resulta que por otro lado, y normalmente, cuanto más grande es el perro, más tranquilo es. Teniendo en cuenta que de cachorros, todos son revoltosos, en la edad adulta, la tónica general es que los perros grandes son bastantes más tranquilos que los pequeños.

¿Pelo largo o pelo corto? Lo que parece una ventaja, ya que el pelo corto ensucia menos y reduce su acumulación en la casa, se transforma en inconveniente, ya que los animales de pelo corto, por lo general, suelen tener más problemas de piel que los de pelo largo.

¿Cachorro o adulto?, yo recomendaría cachorro, ya que así lo podemos hacer a lo que nosotros queramos e ir educándolo, conduciéndolo y adaptándolo a nuestra forma de vida. Aunque por otro lado he visto experiencias maravillosas de personas que se han quedado con perros adultos y los animalitos han sido y son tan agradecidos, que se han adaptado a sus dueños, mejor que muchos cachorros que llevan toda su vida con sus propietarios.

¿Perros de defensa-ataque, perros de compañía, perros de caza, perros de ganado…? Cualquiera puede acompañarnos, ya que un perro se adapta a lo que se le acostumbre y podemos conseguir que nuestros animales se adapten, mejor o peor, a las diferentes misiones que les queramos encomendar.

Las ventajas que implica tener un perro, sin embargo, son más difíciles de enumerar y de explicar: la seguridad, la compañía, el juego, la diversión, todo ello resumido en una frase, que por típica y tópica, no deja de ser real, ‘El mejor amigo del hombre’.

Para terminar, sólo insistir en que a pesar de lo mucho que queramos a nuestro perro, nunca debemos caer en el error de humanizarlos. Los animales, son animales y siempre serán animales, ahí está el límite, porque al humanizarlos estamos otorgándoles un rango que no les corresponde.

 

 

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