agrodiariohuelva.es|Lunes, Marzo 27, 2017
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El ballico “resiste” en los olivares andaluces 

El ballico es una mala hierba común que afecta a los olivares, y es un competidor del olivo en lo que se refiere a las reservas hídricas.

Algunos asienten con la cabeza en silencio mientras permanecen inmóviles con los brazos en jarra. Otros guiñan un ojo mientras se rascan la sien. Y otros, directamente, maldicen al cielo. Son las distintas reacciones de los olivicultores cuando, semanas después de un tratamiento fitosanitario, ve que los resultados son prácticamente nulos. Más aún cuando la materia activa utilizada, el Glifosato, denominado tradicionalmente como el “herbicida total” no es tan “total” como decían.

Las resistencias a esta materia activa son ya una realidad en España, particularmente frente a una mala hierba común como es el ballico (Lolium rigidum) en olivares de distintas comarcas de Jaén, Granada y Córdoba: “Llevamos ya varios años viendo en el campo estas resistencias. A ello se suma que algunos agricultores confunden el bromo con el ballico. Todo esto implica un incremento de los costes para el agricultor, ya sea porque tenga que repetir los tratamientos con otras materias activas, en algunos casos más caras, o bien mediante mano de obra para desbrozar la mala hierba” afirma Tomás Fernández Coronado, vocal del Consejo Rector de la Cooperativa Nuestra Señora del Pilar en Villacarrillo, en la provincia de Jaén.

No es este un caso aislado. De hecho, la Universidad de Sevilla ha llevado a cabo recientemente un experimento para confirmar o descartar la existencia de resistencia genética al herbicida Glifosato en determinadas poblaciones de Lolium rigidum que presentaban importantes dificultades de control en olivares de Jaén (Bailén, Martos, Arroyo Ojanco, Alcalá la Real, Rus, Villacarrillo, Villanueva de la Reina, Villanueva del Arzobispo) y Granada (Moclin).

Adicionalmente se estudió la eficacia de dos sustancias activas con distinto modo de acción (Propaquizafop y Quizalofop) como herramienta de manejo de la resistencia. El responsable del estudio, el profesor José María Urbano, nos muestra la evidencia de los resultados obtenidos: “Las poblaciones estudiadas de las provincias de Jaén y Granada demostraron ser resistentes a Glifosato, incluso más que el testigo de referencia resistente. Por otro lado, los resultados de eficacia demuestran que el Propaquizafop y el Quizalofop mantienen su eficacia sobre las poblaciones estudiadas”.

¿A qué nos enfrentamos exactamente?

Lollium rigidum es una gramínea anual. Es una mala hierba muy importante en cereales de inverno, básicamente en el norte de España. En cultivos arbóreos también es importante, afectando básicamente al cultivo del olivar en Andalucía”. Andreu Taberner, profesor de la Universidad de Lleida y Coordinador del Comité para la Prevención de Resistencias a herbicidas de la Sociedad Española de Malherbología (SEMh) afirma que es una planta que se reconoce bien por su color verde brillante con la base rojiza. “Es fácil de eliminar cada año con herbicidas, lo cual significa que únicamente con herbicidas no se elimina”, recalca el profesor Taberner.

El ballico es, en particular, un competidor del olivo en lo que se refiere a las reservas hídricas. “Al ser zonas de cultivo en secano, el ballico puede llegar a formar una cubierta muy densa de hierba que consume gran cantidad de recursos hídricos que el olivo necesita precisamente en el periodo que va entre la floración y el inicio del desarrollo de la aceituna. Todo lo que implique una presencia de plantas que compitan por la humedad del suelo, sobre todo teniendo en cuenta que en muchas de las zonas afectadas apenas llueve entre abril y octubre, significa una merma en el potencial de producción”, destaca Manuel Gordillo, técnico de la empresa ADAMA.

A ello hay que añadir , en particular, que el ballico es la mala hierba con mayor potencial de adaptación al control químico, por lo que si el agricultor aplica de forma continuada un mismo herbicida (o herbicidas del mismo modo de acción) lo más probable es que esté al mismo tiempo seleccionando biotipos resistentes, lo cual complica el problema. “La aparición del glifosato y, sobre todo, la siembra de cultivos resistentes al glifosato, hizo pensar que los problemas de las malas hierbas en los cultivos se habían terminado. Los que defendieron este argumento infravaloraron la capacidad de adaptación de las malas hierbas.

El tiempo ha demostrado que no existen soluciones fáciles para problemas complejos como es este de las malas hierbas. Después de más de medio siglo de uso de control químico con sustancias activas eficaces, los problemas de malas hierbas son ahora iguales o mayores. Y el glifosato no ha sido una excepción”, explica de manera precisa José María Urbano desde su despacho de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla.

¿Cómo abordar el problema?

La solución a este problema existe, pero implica un cambio de mentalidad por parte de un agricultor acostumbrado al corto plazo en lo que se refiere a la sanidad vegetal. “Deben conjugarse diversos métodos de control. En cultivos anuales es fácil: rotación de cultivos, laboreo y retraso de siembra. En cultivos arbóreos la cosa se complica algo, puesto que deberían usar distintos herbicidas y llegar al laboreo o a una cubierta vegetal”, comenta Andreu Taberner, miembro de la SEMh. “Probablemente este problema se solucionaría volviendo al cultivo de antes, esto es, labrando, pero tal y como tenemos el cultivo, buena parte de él en pendiente y “dependiente” de la condicionalidad, está prohibido”, añade desde Villacarrillo Tomás Fernández Coronado.

Llegada esta situación lo más sensato es, precisamente, conjugar distintos métodos de control. “Esto es el abecedario del manejo de las malas hierbas. Lo que no debe hacerse es repetir reiteradamente la práctica que ha estado funcionado de manera consecutiva, porque al final la mala hierba termina haciéndose resistente a esa práctica. El Glifosato sigue siendo una materia activa fundamental en el olivar pero debe conjugarse con otras” afirma Manuel Gordillo, técnico de ADAMA y buen conocedor de esta problemática.

Su opinión coincide con la de José María Urbano, de la Universidad de Sevilla: “Con todo el respeto, me atrevo a dar dos recomendaciones. Al agricultor: déjese asesorar por técnicos competentes y hágales caso si le proponen que aplique medidas alternativas (químicas o no químicas), aunque sepa que son medidas más caras y menos eficaces de lo que usted estaba acostumbrado de años atrás. Al técnico: sea proactivo en el manejo de las malas hierbas. Primero asegúrese de que tiene realmente un problema e identifique la causa. Después, si encuentra una herramienta eficaz no la queme usándola de forma reiterada. No olvide que en muchos casos la flora natural no es perjudicial para el cultivo. Y que un control radical de toda la flora acompañante no es sostenible (ni ecológicamente, ni económicamente). Y si el control está basado en un mismo método de control, las malas hierbas se adaptarán”.

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