agrodiariohuelva.es|domingo, octubre 22, 2017
banner

Variedades de harina distintas a la de trigo y con multitud de beneficios nutricionales 

Los cereales no sólo son la base del pan, sino de la mayoría de patrones alimentarios que existen. El trigo es el cereal que más peso tiene en la dieta mediterránea, siendo uno de sus usos más comunes la obtención de harina para elaborar pan. No obstante, existen otras alternativas que, por sus cualidades nutricionales y su perfil organoléptico, resultan excelentes para hacer que nuestra dieta sea más rica y equilibrada.

Existe una gran variedad de tipos de harina de alta calidad para satisfacer las necesidades específicas de los clientes, tanto de trigo como de otros cereales, y en los últimos tiempos la oferta se ha incrementado con la producción de harinas de pseudocereales y leguminosas. Éstas, debido a su composición, suelen acompañarse de otras harinas o componentes con los que se pueda hacer pan y le doten de la consistencia necesaria.

Legumbres, otro modo de hacer harina

Más allá de los cereales, las legumbres pueden ser una alternativa interesante gracias a sus cualidades nutricionales y a que, al no provenir del cereal, no contienen gluten.

El garbanzo, la soja o la lenteja son buenos candidatos para transformarlos en harina y lograr una mayor aportación de proteínas, fibra, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro y el magnesio. Los panes que contienen este tipo de harinas tienen una textura suave y esponjosa y, en algunos casos, como los elaborados con harina de garbanzo, destacan por su intenso sabor.

Algunas alternativas a la harina de trigo

La popularidad de la harina de avena va en aumento por ser una de las que mayor contenido en proteínas tiene y porque contribuye a controlar el colesterol gracias a su alto contenido en beta-glucano, un tipo de fibra soluble que ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Asimismo, tiene varios componentes que actúan como antioxidantes para compensar la acción de los radicales libres.

En cuanto a la harina de arroz, se trata de otra variedad compatible con personas intolerantes al gluten y también puede ser también blanca o integral, como la de trigo. Su sabor es muy suave y puede contribuir a obtener panes húmedos en el interior y con la corteza crujiente.

También conocido como alforfón o trigo negro, se cree erróneamente que el trigo sarraceno es un cereal; sin embargo se trata en realidad de un pseudocereal proveniente de una planta herbácea. Aporta un alto contenido en fibra e hidratos de carbono y la ausencia de gluten, también hacen del trigo sarraceno una estupenda opción para los que padecen celiaquía.

Por último, la harina de centeno, muy utilizada en el norte de Europa y popular también en zonas del norte de España, aporta densidad y sabor al pan, además de un característico tono oscuro. Los panes con centeno tienen un alto contenido en fibra e hidratos de carbono de liberación lenta, lo que contribuye a mantener la sensación de saciedad. Además, tiene un elevado contenido en vitaminas y minerales, así como ácido linoleico, que contribuye a mejorar la circulación sanguínea.

Facebooktwittergoogle_pluslinkedinmail