agrodiariohuelva.es|jueves, diciembre 14, 2017
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Juan Manuel Ortega, ganadero en el Andévalo: “Las ovejas son una ruina, nosotros acabaremos quitándolas” 

Juan Manuel Ortega Guitiérrez ha sido ganadero toda su vida, ahora ha dado el relevo a su hijo Nicolás Ortega Luque, aunque sigue vinculado al mundo de la ganadería; Juan Manuel no puede evitar acudir con regularidad a la finca familiar, conocida como Santa Rosalía en el término municipal de Paymogo en la provincia de Huelva.

El ganadero ante la piara de cerdo ibérico de cebo en la finca Santa Rosalía.

Ovino, bovino y cerdo ibérico son las tres ganaderías que trabaja el joven ganadero Nicolás Ortega en Santa Rosalía, una finca de 300 hectáreas de dehesa en el Andévalo onubense. Ultimamente las dos últimas ganan peso sobre la primera, “las ovejas son una ruina desde hace años”, señala el veterano ganadero. La pérdida de valor de la carne de oveja a lo largo de la última década “nos está obligando a quitarlas”, añade. En los últimos tres años, los Ortega han ido recortando de forma drástica las cabezas de merina precoz, que han pasado de 600 a tan sólo 170 en 2017. “El pienso es cada vez más caro y la carne se paga peor”, concluye el ganadero.

Juan Manuel Ortega explica que “todo se junta: los industriales hacen lo que quieren con nosotros, cada vez se paga menos y tardan más; y luego están los programas sanitarios; antes todavía había subvenciones, ahora ya no”.

La ganadería Ortega forma parte de la asociación Ovipor SCA, que agrupa a la mayor parte de los ganaderos de la provincia de Huelva. La cooperativa Ovipor hace años que ha dado la voz de alarma sobre la caída del consumo de carne de cordero a nivel nacional, regional y provincial. Informes del propio sector indican que en España se ha pasado de 6,5 o 7 kilos de cordero por habitante y año a un consumo testimonial que, apenas, alcanza el kilo y medio o 2 kilos. Para Ovipor el consumo es clave para reactivar la ganadería ovina, por eso ahora se pone el punto de mira en la exportación, sobre todo en los países árabes que tradicionalmente han sido y son un gran mercado de consumo de este tipo de carne.

Nicolás Ortega en plena faena.

Algo más optimistas son Juan Manuel y Nicolás Ortega en lo que se refiere al vacuno y al cerdo ibérico. El segundo ha superado la aguda crisis de la primera década de este siglo y se nota, sobre todo, en el valor de la carne en el mercado y en los productos elaborados de gran calidad como el jamón y las chacinas. El ibérico puro de montanera de la finca Santa Rosalía ha alcanzado este año los 30€/arroba. Los 170 animales que han salido de esta dehesa se han quedado en la provincia de Huelva al haber cerrado el acuerdo con uno de los industriales ubicados en la comarca del Andévalo.

Para estos ganaderos no ha sido complicado adaptarse a la Norma del Ibérico, que ha establecido los criterios para las diferentes calidades de porcino ibérico. La transición hacia la nueva normativa la han realizado con normalidad según explica Nicolás Ortega, ya que en la provincia de Huelva abunda el ibérico puro y suele criarse en dehesa. De todas formas los ganaderos están acostumbrados a los cambios porque “cada año es distinto”, por ello parecen estar preparados a asumirlos. Por ejemplo para la próxima campaña ya no tendrán ibérico 100% de cebo, “no compensa”, afirma Juan Manuel. Este año el primer precio que les dieron fue de 20€/arroba, al final han conseguido 23€/arroba, “menos mal”, respira aliviado Juan Manuel que aspiraba a conseguir entre 24 o 24,5€/arroba. Al año que viene ya no tendrán ibéricos 100% de cebo “porque no se valora, no se paga; vamos a poner ibérico al 75% para cebo, esto es lo que demanda el industrial y a nosotros nos sale mejor, al lograr un mejor rendimiento durante la cría del animal”. Lo que no cambiará será su cabaña de 100% ibérico de montanera, muy apreciado en los mercados.

El vacuno también parece ser una buena apuesta. Ahora es la ganadería que más peso tiene en la finca, con 32 madres de Retinto pura y otras 54 cruzadas, además de 2 sementales de Retinto y otros dos de Limusina aunque estos dos últimos no certificados.

El ecológico “es complicado”

El joven ganadero conduce a una cría de bovino junto a su madre.

Nicolás Ortega como joven ganadero que explora nuevas formas de producción ha barajado la posibilidad de trabajar con ganado ecológico, pero al final ha desechado la idea porque “no me salen las cuentas”, argumenta dubitativo aún. “Las subvenciones son muy buenas pero no veo la posibilidad de hacerlo con garantías; es muy complicado, sobre todo en lo que se refiere a conseguir pasto con certificación ecológica, para ajustarse estrictamente a las normas que se marcan”, señala.

No está convencido de que el precio que pueda alcanzara el animal en el mercado compense el esfuerzo y el papeleo que lleva consigo la certificación ecológica, “es muy difícil”, insiste, “dudo que alguien pueda cumplir al 100% con los requisitos que exigen que son bastantes y muy complicados de seguir”.

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