agrodiariohuelva.es|sábado, noviembre 25, 2017
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La SCA Almazara San Isidro de Bollullos baraja sacar en esta campaña un aceite virgen extra de picual por primera vez 

El presidente de la Almazara San Isidro de Bollullos del Condado, Francisco Raposo.

La Sociedad Cooperativa Andaluza Almazara San Isidro de Bollullos Par del Condado está barajando la posibilidad de elaborar, por primera, un aceite virgen extra monovarietal, probablemente será de picual. Hasta ahora en esta almazada onubense siempre se había hecho una aceite de mezcla con las distintas variedades de aceituna que llegan hasta sus instalaciones, al menos una decena. Sin embargo, la nueva directiva que preside Francisco Espina ha planteado a los socios la posibilidad de elaborar un aceite monovarietal para “lograr ese reconocimiento de calidad añadido que supondría para nuestro aceite que, ya de por sí, tiene una gran calidad”.

La variedad picual es mayoritaria en la producción de aceituna que se moltura en Almazara San Isidro, representa un tercio de los 1,3 millones de kilos de aceituna que gestiona anualmente; le sigue la verdial, unos 300.000 kilos; lechín, 212.000 kilos y manzanilla con 208.000 kilos.

Esta es una de las principales novedades que se propone poner en marcha la nueva directiva que tomó las riendas de la cooperativa en el año 2015, consiguió rebajar la media de edad de la junta a 45 años frente a los 60 que venían teniendo habitualmente las directivas, el relevo generacional lo ha hecho posible.

La almazara viene haciendo aceite desde el año 1952, un importante paso adelante en la elaboración de aceite fue la inauguración del nuevo molino en la década de los 90, lo que obligó a realizar algunas modificaciones en las instalaciones que se fueron asumiendo a costa de dejar a un lado los ratos frente a la gran chimenea que se selló en una de las habitaciones.

La iniciativa de poner a la venta aceite monovarietal se afronta en un año complicado, cuando la sequía está dejándose sentir en los campos causando graves daños. De momento, “la aceituna no tiene más que pellejo y hueso no tiene materia grasa ninguna, en estos momentos no podríamos ni molerla”, asegura el molinero Francisco Raposo que acumula varias décadas de experiencia en el molino de la cooperativa.

Recolección tardía

En las instalaciones de la cooperativa.

Lo más probable es que la campaña no se inicie hasta el mes de noviembre, “bastante más tarde que en años anteriores”, subraya el presidente, una media de quince días más tarde a pesar de las últimas lluvias. Los agricultores confíaban en que el mes de octubre hubiera sido generoso en lluvias pero lo cierto es que salvo la tromba de agua de mediados de mes durante un par de días, el agua no ha sido generosa como es propio del otoño. La lluvía habría hecho ganar calibre al fruto y materia grasa.

Tradicionalmente estas fechas de recolección se acercan más a lo que se hacía antiguamente cuando la mayor parte de la cosecha se cogía entre los meses de diciembre y enero, porque se buscaba el máximo rendimiento de la oliva; sin embargo los parámetros de calidad indican que es más oportuno hacerlo antes, entre los meses de octubre y noviembre, de forma que ahora en enero apenas si entran unos kilos en la cooperativa.

Los agricultores han aprendido también a escalar la recolección con las distintas variedades de forma que la actividad en el campo se prolonga durante varios meses.

Apuesta por la picual

Los socios de Almazara San Isidro están decididos por el picual, el presidente asegura que las nuevas plantaciones son todas de esta variedad porque “carga todos los años y su producción es bastante estable”. Los agricultores de la zona no quieren saber nada de verdial, se le conoce como “el olivo ladrón” por su irregularidad en producción, aunque “es el fruto que mejor rendimiento tiene”, subraya Francisco Raposo.

Lechín o zarzaleña es otra de las variedades más significativas de Almazara San Isidro y una de las que tradicionalmente existen en la zona aunque está abocada a desaparecer. Raposo explica que la mayor parte de los árboles que todavía existen llevan décadas en la comarca, pues tradicionalmente se venía utilizando para delimitar las fincas. Debido a su productividad, era la variedad que elegían los agricultores para garantizarse el aceite de todo el año para la familia.

Igual que la aceituna de verdeo, la mayor parte de los socios de la cooperativa de Bollullos recolectan la aceituna de aceite a mano con macaco y a chorreo, el objetivo es evitar golpes que dañen el fruto, lo que luego repercute en la calidad del aceite.

Aunque la mayor parte del aceite de la almazara se vende en las mismas instalaciones y algunos comercios locales, se envasa el 80% de lo que se moltura y el resto se vende a granel. Es una de las pocas cooperativas que todavía sigue pagando a esquila, es decir que una parte de la producción se abona con el mismo aceite. Esto hace que sea difícil encontrar Oro Condado, la marca con la que comercializan el aceite virgen extra de oliva de mezcla, fuera de Bollullos Par del Condado.

Los 800 socios de la cooperativa suman 4.700 hectáreas de olivar que fundamentalmente se ubican en los términos municipales de los pueblos vecinos.

 

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